Una tarde ya lejana cuando yo tenia 6 añitos, entonces recuerdo exactamente esa triste luz fugaz de mi memoria, yo estaba en el patio de mi casa jugando en un columpio hecho con una llanta abandonada cuando vi a mi papá y a mi mamá dándose un abrazo…. yo corrí hasta donde ello s, yo usaba unas botitas rojas, una chumpita amarilla y mis anteojos enormes amarrados con un hule para que no se cayeran. Yo recuerdo esa tarde como si hubiese sido hoy, es tan clara esa tarde que me he puesto a llorar desesperadamente como aquel día cuando yo pregunte: “papá, para donde vas?” y ambos me vieron llorando y no encontraron palabras que decirme. Porque ellos sabían que en el fondo de su alma ya no había nunca más una oportunidad para volverse a amar y ese era el fin de su matrimonio que había sucumbido a las tormentas del destino que ya les había trazado el final. “…Y aquel unicornio que me dijiste que me ibas a traer papi, aquel que decías que dormía a mi lado? Donde esta?” Mi papá se marchó con un maletín café de cuero curtido y cuando cruzó la puerta de la calle se detuvo un instante y se agachó, me quitó los lentes y los limpió con las faldas de su camisa blanca y me dijo: “no llore que empaña los anteojitos y se va a caer”, me toco la cabeza y me dijo algo que nunca olvide: “ese unicornio te lo traeré un día en que ya no te acuerdes de el.” Y se fue caminando hasta desaparecer y nunca más volvió. Pero el destino tiene memoria y una tarde llego el cartero con una caja de cartas y allí venia el unicornio junto a un libro de Roque Dalton. Años después encontré un amor, le di aquel unicornio de papá, y la vida nos separó. El amor se fue y el unicornio también, pero en las noches oscuras de mi soledad lo veo cruzar por la puerta. Hoy, ella y el deben de estar en algún lugar escondidos detrás de mi ojos torcidos por el recuerdo de aquella infancia, donde corría detrás del unicornio que me invento papi. |